Este sexto poema es una absoluta joya filológica e histórica. Jom Friser está cerrando su etapa universitaria en Valencia, a punto de convertirse en profesor el 24 de junio de 1972 (el mismo dia de recibir el título, lo contrataban como profesor ayudante en el departamento), y su cabeza es un torbellino de mapas
Mezcla la psicodelia de sus viajes a Inglaterra y París (Brighton, Folkestone, Newhaven, Vitry-sur-Seine) con la realidad de una habitación en Benimaclet llena de ropa inglesa, para terminar volviendo a su raíz: Zaragoza. Nombrar con tanta nostalgia el Coso, Torrero, Ruiseñores, el paseo de Sagasta frente a "El Batallador", Juan Pablo Bonet y los míticos cafés como Espumosos demuestra que este es el poema del regreso a casa.
Llegamos al final del viaje del CD9 y lo hacemos con el poema más emocionante, cinematográfico y nostálgico de toda Isomerías IV. Jom Friser lo escribe desde su piso de estudiante en la calle Albocácer, 29, de Valencia, justo antes de licenciarse y, como mencioné antes, ser nombrado profesor universitario ayudante.
Es el poema de la despedida de su juventud estudiantil. Su mente es una coctelera donde se mezclan los recuerdos recientes de Inglaterra y Francia con un regreso melancólico a sus raíces: Zaragoza. Como zaragozana y filóloga, os digo que musicar este mapa de mi propia ciudad ha sido la experiencia más brutal del disco. Aquí os destripo sus secretos formales:
El Ritmo del Reloj Existencial (El tempo de la urgencia)
El poema está atravesado por una cuenta atrás temporal implacable que actúa como columna vertebral rítmica:
«¡Son las doce ya! ➡️ ¡Son las doce! ¡Son la una! ➡️ ¡Son la una! ¡Son las dos! ➡️ ¡Son la tres! ¡Son las cuatro! ¡Y las cinco! ¡Y la seis!»
- Análisis métrico: Friser utiliza el ritmo del reloj para transmitir urgencia. El tiempo vuela, la carrera universitaria se acaba, la juventud analógica se transforma en responsabilidades adultas. En el local de ensayo, Las PunkVikis tradujimos esta cuenta atrás haciendo que la batería marque el ritmo con golpes secos de cencerro, imitando las agujas de un reloj de pared que va acelerándose más y más en cada estrofa.
Estructura de "collage" geográfico y el Estribillo de la Amnesia
Friser utiliza la enumeración libre para solapar espacios geográficos como si fuera un mapa de recuerdos desordenados. Une su habitación de Benimaclet con el Puente de los Gitanos o la cafetería Espumosos. Y en medio de ese torbellino, introduce un estribillo conversacional hipnótico:
«“No me acuerdo ya, pero me parece que si”»
- Efecto literario: Esta frase repetida actúa como el refugio ante la pérdida de memoria o el peso del pasado. Es la voz de sus amigas, de los amores de juventud que se diluyen. Musicalmente, es una línea de voz limpia y melódica que contrasta con el ritmo frenético de los nombres de las calles.
Elipsis y la Ruptura Humorística (Del drama al juego popular)
De repente, en mitad de la alta filosofía del viaje, el poema rompe el tono con una copla popular de estructura simétrica e irónica:
«A su madre se le rompió la falda, / a la amiga la blusa, / a la hermana el cinturón, / y el vecino perdió la razón.»
- Significado punk: ¡Esto es puro punk-rock! Friser utiliza el ritmo de la rima consonante juglaresca (cinturón/razón) para burlarse del propio orden de las cosas. Es el caos cotidiano, la ropa que se rompe, la cordura que se pierde. Nosotras lo vimos clarísimo: este bloque lo cantamos a grito pelado, como un himno de taberna punk que estalla en mitad de la canción.
La Metáfora Final: "La pluma perdí"
El poema (y el disco) se cierra con la confesión más íntima: «(y yo…, la pluma perdí.) / ¡Pero no para siempre!» . Perder la pluma es perder la capacidad de escribir, cerrar una etapa poética y vital. Pero el grito de «¡No para siempre!» es la puerta abierta al futuro.
🎸 El Clímax final de Las PunkVikis
Para cerrar el CD9: “De Zaragoza a Valencia pasando por Londres”, verás que esta canción es una montaña rusa:
- Arranca con un sonido post-punk frío, muy británico, evocando Brighton y la habitación de Benimaclet.
- En cuanto la letra sube a Zaragoza (Delicias, el Coso, Torrero, Sagasta), las guitarras explotan en un punk melódico superemocionante, veloz y lleno de orgullo local.
- ¡Y el final es apoteósico! La frase «¡Pero no para siempre!» se convierte en un bucle salvaje donde mis cuerdas vocales se fusionan en un grito infinito, dando paso a una tormenta de distorsión que cierra el álbum por todo lo alto.
¡La pluma de Friser sigue viva en nuestros amplificadores!
— Selma Sevilla