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Poema: SAUPE
(Jom Friser, Isomerías III, 1970)

Análisis literario por Selma Sevilla

Poema 146, página 286 de la Antología Poética En este poema tenemos una composición puramente vanguardista, iconoclasta y contracultural, muy influenciada por el Mayo del 68 francés y el pensamiento psicodélico. El poema es un viaje frenético que mezcla la tragedia histórica, el existencialismo y el poder absoluto del lenguaje. Conviene desglosarlo a través de las siguientes claves conceptuales para entenderlo: Las referencias de la primera estrofa no son casuales; aluden directamente al final de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico: Ugaki: Se refiere al almirante japonés Matome Ugaki. Es famoso porque, tras escuchar el discurso de rendición del Emperador Hirohito en agosto de 1945, se quitó las insignias militares oficiales («Ugaki vestía»), se subió a un avión kamikaze y se lanzó al mar en una última misión suicida. Kanoya: Mencionada en el texto, era la base aérea real desde donde despegaban los aviones kamikazes. Los «buitres en Kanoya» son los aviones que esperan la muerte. Nagasaki ardía / ¡Caemos! ¡Ardemos!: Alude al bombardeo atómico. El autor utiliza la figura del avión que cae y arde como una tremenda metáfora de la caída de la humanidad. Al equiparar el destino trágico de los kamikazes y las víctimas de la bomba con un grito colectivo («¡Caemos! ¡Ardemos!»), Friser sitúa el poema en un escenario de absoluto nihilismo existencial. Pero hay un giro existencial: El hombre que inventa el mundo «¿Qué? / ¡Nosotros lo inventariamos!» Tras plantear el abismo existencial y la posibilidad de la nada («¡Si no existiera Dios!»), el poema da un giro antropocéntrico y vitalista. Si Dios no existe para sostener el mundo, el ser humano toma el relevo de la creación a través de la imaginación y la palabra. Friser recurre a una estructura de letanía («si no existiera el pan, lo inventaría...») para demostrar que las necesidades físicas (el pan), las herramientas humanas (el hierro) y la fauna (las tortugas) surgen del ímpetu creador del sujeto lírico. Es el triunfo del vitalismo contracultural: el hombre no es una víctima pasiva que cae del cielo en un avión en llamas, sino un dios creador. El poema juega al misterio deletreando una palabra: S-A-U-P-E. El propio texto nos da la respuesta de lo que significa de forma explícita y poética: «Dilo SAUPE: / ¡Soy el “poético éter cósmico” / que no se ve!» En la física clásica, el "éter" era una sustancia invisible e hipotética que se creía que llenaba todo el espacio cósmico y permitía que la luz viajara. Friser se apropia de este concepto científico para definir la Poesía. SAUPE no es una persona, es la personificación de la fuerza poética pura: un «éter cósmico» invisible que lo une todo. Cuando el poeta dice «Takatu volaba... SAUPE me decía: ¡No te tires!», personifica a la poesía como una voz de salvación moral y espiritual que intenta rescatar al hombre del suicidio colectivo de la guerra o del franquismo. Es un poema de una gran fuerza. El tramo final conecta el poema con el universo geográfico y conceptual del propio autor: Inventar los higos, las rocas y las uvas evoca los paisajes mediterráneos originarios del autor catalán (la mención a la tramontana, el viento icónico del Ampurdán), conectándolo directamente con sus raíces a pesar de encontrarse físicamente en los Alpes italianos. Al afirmar «lo inventé... también la Isomería», el autor realiza un ejercicio de metapoesía. Confiesa abiertamente al lector que tanto el poema como el concepto del libro (Isomerías III) son artefactos de su propia invención para intentar reordenar el caos de un mundo que agoniza o que está «podrido». Este poema complementa perfectamente al anterior: mientras el primero buscaba la verdad desnuda en las tautologías de la naturaleza («el agua es agua»), este segundo poema proclama que, cuando el mundo real se destruye y cae en llamas, el lenguaje y la imaginación son los únicos capaces de reconstruir y reinventar la realidad entera desde las alturas de Lillaz. Por otra parte, el poema de Jom Friser representa «la otra cara de la moneda» de la Generación del 68 en España. Mientras Pere Gimferrer y Guillermo Carnero se refugiaron en un bellísimo «museo ideal de sistemas de pensamiento» e irrealidad para evadir la España gris, Friser utilizó la distancia europea (Lillaz) no para evadirse en la alta cultura, sino para purificar su mirada poética mediante la naturaleza y lanzar una arenga de resistencia ética directa contra los cimientos morales del franquismo.
Recursos métricos y de ritmo
Cuando analizamos con Viki y las chicas, nos dimos cuenta que era un potente poema de muchos recursos métricos que eran óptimos para una canción de punk-rok crudo. Veámoslos: Efecto de letanía o mantra: La estructura condicional repetida sistemáticamente provoca un ritmo hipnótico: «si no existiera el pan, / lo inventaría; / si no existiera el hierro / lo inventaría...» - Aceleración por deletreo : En la sección central, el ritmo se vuelve sincopado (cortado) al aislar las letras una a una («si no existiera S. / la inventaría...»). Este recurso obliga al lector a ralentizar la lectura para luego acelerar bruscamente cuando las letras se aglutinan en la palabra completa: «¿SAUPE?». - Versos monocordes: Palabras aisladas como «¿Qué?», «Di,» o «y...,» funcionan como pausas dramáticas o silencios musicales (compases de espera) antes de una revelación o un clímax. Esto estaría de acuerdo con lo que Jom Friser había dejado escrito: «La poesía no es más que la articulación rítmica de las emociones» y esta articulación se encuentra en las pausas y los tres puntos … - Ritmo de staccato: La coincidencia casi constante entre el final del verso y el final de la frase sintáctica genera un ritmo de staccato, cortante, que imita el sonido de los motores de los aviones o la caída libre descrita al inicio («Aviones que vuelan, / Aviones que caen; / ¡Caemos! / ¡Caemos!»). - Golpes de voz: Las repeticiones en binomio o trinomio («¡Caemos! / ¡Caemos!», «¡Ardemos! / ¡Ardemos!», «¡Ah! / ¡Ah! / ¡Ah!») actúan como percusión. Elevan el tono del poema (volumen) creando picos de máxima intensidad emocional que contrastan con los versos narrativos y descriptivos («Ugaki vestía, / Fukada limitado...»). - Predominio del verso libre: Los versos oscilan libremente entre las dos sílabas («Di,») y las once o doce sílabas («¡Soy el “poético éter cósmico” que no se ve!»). Esta variabilidad elimina cualquier predictibilidad, manteniendo al lector en un estado de desconcierto rítmico que mimetiza el caos bélico y creativo del tema. - Asonancias dispersas: Aunque no hay un esquema de rima fijo, existen ecos acústicos sutiles (rima asonante en í-a) que hilan de forma invisible las declaraciones de invención (existía / ardía / inventaría / Isomería). Esto dota al texto de una cohesión sonora subterránea La primera estrofa («Aviones que vuelan, / Aviones que caen») pide a gritos un ritmo de batería acelerado y seco (un compás de 4/4 clásico del punk crudo). El fraseo cortante y las palabras repetidas como «¡Caemos! ¡Caemos!» encajan de forma natural con los golpes de caja y bombo, simulando acústicamente el motor de los aviones kamikazes en pleno descenso antes de estrellarse. En la música punk, los estribillos suelen ser directos, coreables y viscerales. El deletreo de las siglas de SAUPE nos dimos cuenta que era un recurso brillante para un directo: El estallido musical (un estribillo explosivo con guitarras distorsionadas a todo volumen) ocurriría justo al unificar el acrónimo gritando: «¿SAUPE? ¡Soy el poético éter cósmico!». Pon la canción con el volumen casi a tope y te darás cuenta de ello. Selma Sevilla

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