Poema: Aire del norte, aire del sur (Jom Friser, Isomerías III, 1970)
Análisis literario por Selma Sevilla
Poema 143, página 278 de la Antología Poética
Si en los anteriores poemas Jom Friser exploraba la identidad («Tú debes ser tú») y el poder destructor y creador de la mente humana («¡Caemos! ¡Ardemos!»), aquí nos regala una lección ética y existencial de supervivencia frente al idealismo ciego.
Es un poema de madurez espiritual, donde el autor critica las utopías falsas ("pintar el aire") y defiende un realismo humanista y pragmático para poder, literalmente, seguir respirando.
El tema principal es la crítica al idealismo y el valor de la sencillez.
El conflicto central del poema es la ceguera de quien persigue grandes fantasías abstractas, pero es incapaz de ver la realidad inmediata:
La crítica a los falsos ideales: El yo poético advierte que pretender pintar la vida con "eternos colores" es una quimera infantil. El aire es inmaterial y se traga la pintura («el aire absorbe los eternos colores»). Es una metáfora brutal sobre cómo los grandes discursos ideológicos o idealistas vacíos terminan disolviéndose en la nada.
La referencia al adoctrinamiento: La mención a los «sueños infantiles / (en colegios segregados)» es un dardo directo al contexto de la España de la época. Alude a la educación nacionalcatólica del franquismo, que alimentaba mitos imperiales y fantasías ideológicas alejadas de la cruda realidad material.
El refugio en la humildad: Frente a esa fantasía pomposa, el poema propone una alternativa ética: «Vale más un palmo / de sencillez, / un pequeño rincón donde / ocultar tu humildad».
El aire es el gran elemento conductor de este texto, pero tiene una doble naturaleza trágica y liberadora:
El aire que asfixia: Buscar ideales falsos pasa factura física. El poema recurre a una impactante imagen médica y física: «al pintar el aire, / el aire te corta el otro pulmón». Quien vive de ilusiones o mentiras políticas está incompleto, respira a medias («con un pulmón solamente»).
La geografía del aire: Las repeticiones de «Aire del Norte, / Aire de Suecia, / Aire del Sur, / Aire de E. / ¡Aire de la Ruta!» nos hablan de un aire internacional, europeo y viajero. Conecta con el exilio y la libertad exterior (Suecia como epítome de la democracia y la vanguardia en los 70).
El aire como fuerza implacable: Al final, el aire se personifica de forma casi amenazante pero justa: «El aire corta, / el aire siega, / el aire se acuerda, / ¡El aire es libre!». El aire (el tiempo, la libertad, la verdad histórica) termina barriendo las construcciones humanas artificiales.
El poema contiene el Imperativo Vitalista: "No te dejes matar"
El tramo final del poema abandona la melancolía por los errores del pasado y se transforma en un manifiesto de pura supervivencia y carpe diem contracultural. El autor da tres consejos fundamentales:
- Buscar el presente material: Exige dejar los ideales abstractos y abrazar lo tangible: «Pinta tu vida / píntala con / colores reales, / sintéticos, / —pero humanos y humildes—».
- Permitir el fluir de la naturaleza: La sucesión de imperativos («deja correr el agua, / deja soplar el aire...») es puro pensamiento taoísta o existencialista. La libertad consiste en no intentar controlar ni "pintar" la naturaleza, sino dejarla ser.
- La consigna de resistencia: El clímax del poema condensa toda la filosofía de Jom Friser en una sola frase cortante: «deja vivir, / y no te dejes matar». En el contexto de 1970, bajo una dictadura, la mayor victoria del individuo no es morir como un héroe romántico, sino resistir vivo y mantener la cordura.
Ritmo y Onomatopeyas
Al igual que el poema de SAUPE, este texto tiene una estructura rítmica perfecta para una interpretación musical cruda. Así lo hemos intentado con Las PunkVikis.
Los balbuceos y lamentos: Los versos como «Tus, / tus, / tus…» o las onomatopeyas «Mum, mum, mum… / ¡Mummm!» marcan momentos de colapso verbal.
En la versión punk que hemos preparado, se podría interpretar estos pasajes como murmullos asfixiados (simulando que le falta ese "segundo pulmón") antes de desatar la rabia.
El estribillo de "El Aire": El bloque que se repite tres veces («Aire del Norte... ¡Aire de la Ruta!») funciona armónicamente como el estribillo perfecto de la canción, un himno de carretera, exilio y velocidad que contrasta con las estrofas más reflexivas.
Selma Sevilla